Ya fueron al menos cuatro los jueves consecutivos en que han funcionado las Jam Sessions convocados por Nico Pasetti. Tienen lugar en un local de la calle Irigoyen, con el nombre poco auspicioso de Creeptown. El público joven que suele concurrir allí no sólo no huyó para refugiarse en los tantos otros lugares de la zona en busca de música más habitual, sino que ha seguido en aumento hasta casi desbordar su capacidad.
La aparción de Jam Sessions en Mar del Plata suelen preludiar un momento de auge de nuestro jazz. Las hubo en los viejos tiempos que no conocí, previos a 1963 cuando desembarqué en estas playas. Cuentan que la muchachada se juntaba a tocar en las casas y algunos locales previo a que constituyeran los Silver Sea Stompers, primera banda de jazz amateur local de la que tengo noticias. Sí tuve que ver con las recordades reuniones de la calle Peña, que precedieron la creación de la Rambla Vieja Jazz Band por un lado, y al Mar del Plata Jazz Ensamble por el otro. Veremos si mi tesis se cumple.
Hubo muchas ocasiones memorables en que los músicos se juntaron a improvisar de modo informal. Hubo noches inolvidables en el "after hours" de Canotier. Por lo general las tocadas con músicos visitantes se producían tras la estela de las actuaciones de MdP Jazz Ensamble. Recuerdo algunas noches en el foyer del teatro Tronador, cuando aparecían como caídos del cielo los músicos cubanos de uno de los elencos del espectáculo itinerante Tropicana, y que hacían bramar los blues y los standards en ritmo salsero.
Pero los viejos somos chotos. Nos dejamos enredar por las dificultades. Después de tener que lidear con los boliches, tener que ocuparse de los equipos, teclados, y el eterno problema de la guita, que por definición está ausente de una verdadera Jam Session, hemos caído vencidos y adoptado la vil filosofía de que "lo haga otro" y sino, que no se haga. De golpe se instala la premisa de que si no hay guita, no vale la pena juntarse a tocar.
Nico Pasetti es un joven contrabajista brillante, que luego de tocar por algo más de un año en los cruceros, decidió volver a su ciudad, no ceder a la abulia, y generar un ambiente propicio para el crecimiento del género. Tratemos de apoyarlo, y aunque la erosión en estos casos es inevitable, empujemos para que se pueda sostener lo más posible su idea, que seguramente generará una nueva movida de jazz marplatense.
La aparción de Jam Sessions en Mar del Plata suelen preludiar un momento de auge de nuestro jazz. Las hubo en los viejos tiempos que no conocí, previos a 1963 cuando desembarqué en estas playas. Cuentan que la muchachada se juntaba a tocar en las casas y algunos locales previo a que constituyeran los Silver Sea Stompers, primera banda de jazz amateur local de la que tengo noticias. Sí tuve que ver con las recordades reuniones de la calle Peña, que precedieron la creación de la Rambla Vieja Jazz Band por un lado, y al Mar del Plata Jazz Ensamble por el otro. Veremos si mi tesis se cumple.
Hubo muchas ocasiones memorables en que los músicos se juntaron a improvisar de modo informal. Hubo noches inolvidables en el "after hours" de Canotier. Por lo general las tocadas con músicos visitantes se producían tras la estela de las actuaciones de MdP Jazz Ensamble. Recuerdo algunas noches en el foyer del teatro Tronador, cuando aparecían como caídos del cielo los músicos cubanos de uno de los elencos del espectáculo itinerante Tropicana, y que hacían bramar los blues y los standards en ritmo salsero.
Pero los viejos somos chotos. Nos dejamos enredar por las dificultades. Después de tener que lidear con los boliches, tener que ocuparse de los equipos, teclados, y el eterno problema de la guita, que por definición está ausente de una verdadera Jam Session, hemos caído vencidos y adoptado la vil filosofía de que "lo haga otro" y sino, que no se haga. De golpe se instala la premisa de que si no hay guita, no vale la pena juntarse a tocar.
Nico Pasetti es un joven contrabajista brillante, que luego de tocar por algo más de un año en los cruceros, decidió volver a su ciudad, no ceder a la abulia, y generar un ambiente propicio para el crecimiento del género. Tratemos de apoyarlo, y aunque la erosión en estos casos es inevitable, empujemos para que se pueda sostener lo más posible su idea, que seguramente generará una nueva movida de jazz marplatense.
