Estamos justo en la mitad de nuestro contrato de alquiler. Hemos podido instalar la sede con nuestros pianos, otros instrumentos, elementos de sonido, luces. Pudimos completar costosamente la habilitación, con todos los permisos y pasos previos que implicó. Pusimos en funcionamiento una barra mejor atendida. Acustizamos la sala de recitales. Ventilamos los patios cerrados, y vamos pagando nuestras deudas. Pudimos empezar a programar tocadas. Pero a esta altura de las cosas hay signos de cansancio. Es que los que quedamos como sostenedores del proyecto venimos aportando una cuota desmedida, que para algunos es insostenible. Se suma la hostilidad del momento que atraviesa el país, por lo que es muy difícil atraer más público para una música que no es masiva. Hemos programado una oferta musical de mucha calidad. Nos visitaron músicos de la talla del trío Nacht/Arredondo/ Beresovsky por ejemplo. O el trío de Rodrigo Domínguez con Santiago Leibson y Nicolas Politzer. Excelentes propuestas que raramente se pueden presentar en nuestra ciudad, pero que debieron tocar ante un público exiguo. Hubo jornadas musicalmente muy buenas, como la jornada de improvisación libre, la presentación de Los Ponis, y últimamente la fecha de La Poteta que quizás atrajeron algo más de gente, pero que económicamente no alcanzan, ni mucho menos, a cubrir nuestros gastos. Se han incorporado más docentes externos y ha aumentado en alguna medida la cantidad de alumnos, pero nuestras aulas siguen siendo desaprovechadas.
Hay quienes están cansados y no ven una recuperación posible. Personalmente yo no estoy dispuesto a claudicar, creo que podemos mejorar mucho más. Creo en la calidad de nuestra música, que aunque sea poco inteligible para un público general, merece ser producida y divulgada. Tenemos que recuperar las ganas de sumar fuerzas. Agregaría el abrirnos a otros músicos y a gente interesada. Estamos en la mitad del río. Un esfuerzo más para ser republicanos, predicaba en Marqués de Sade.
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